
Tar Ganeb consultó los datos de la consola del compactador de masa. Las lecturas eran correctas, la composición de la materia recogida no había cambiado. Miró a su cuadrilla de trabajadores boromitas, que esperaban en silencio tras él, y asintió: «Esta veta es muy rica, recojamos un poco más».
Las paredes del túnel que los abrazaba supuraban una humedad casi lechosa. Se encontraban a decenas de metros bajo tierra, pero para un boromita como él significaba estar en el lugar más cómodo y agradable. El silencio, la quietud y la sensación del palpitar casi imperceptible de la roca que le rodeaba era una sensación acogedora. Otros panhumanos decían que un boromita podía sentir cosas con solo tocar una roca, pero él no podía explicar si eso era algo cierto o exageraciones de los que no saben oír el habla de las tierras.
Con un leve movimiento de cabeza, ordenó a los trabajadores de la cuadrilla que se adelantaran y recogieran un poco más de ese material extraño que los militares de la Concordia querían. Una de las comandantes del C3 había contratado los servicios del clan boromita para extraer dos coma cinco unidades estándar de material integral a cambio de los derechos de explotación futuros de esta zona del planeta. Un buen trato, pensó en su momento Tar Ganeb cuando la matriarca del clan le encomendó la misión. Dos cuadrillas de trabajadores boromitas equipados con compactadores de masa de diferente calibre trabajarían en turnos para extraer el material. Según los cálculos, cuarenta coma tres días locales serían suficientes para perforar, encontrar vetas con la calidad suficiente, extraer el material e iniciar los procesos para la purificación y la posterior entrega del material al C3. Mientras duraban las tareas de extracción, la Concordia les asignaría una sección de escolta. Un pelotón de ataque patrullaría los alrededores, otro pelotón escoltaría las entradas y salidas de las cuadrillas y un dron C3D1 estaría apostado en las cercanías de la entrada de la cueva en modo vigilancia.
La cueva en la que se encontraban era natural, pero la habían ampliado en un punto de su recorrido en el que se detectó una veta de ese material. Los compactadores de masa abrieron el túnel sin esfuerzo, excavando en el material rocoso y compactando toda la materia en un pequeño cilindro de gran densidad que luego se recogía en un contenedor especial. Usar un compactador de masa era un trabajo muy pesado y casi imposible para cualquier otro panhumano, pero los boromitas tenían el cuerpo preparado y biomodificado para este trabajo. La evolución dirigida durante decenas de miles de años había conseguido que fueran perfectos para este trabajo.
De repente, una señal de aviso parpadeó en la consola de Tar Ganeb. «Notificación urgente: Detectada actividad cercana. Posibilidad de respuesta hostil: 72,03 %. Recomendación: Detengan la actividad extractora. Diríjanse al exterior para unirse a la fuerza del C3 para una posible contingencia». La IA de la Concordia sopesaba todas sus acciones con probabilidades y cálculos infinitesimales que a él le superaban y no entendía, pero era quien pagaba. Eso era todo lo que necesitaba saber Tar Ganeb, no hacían falta números y cálculos. Ordenó a la cuadrilla que terminara el trabajo y emprendieran el camino de regreso a la superficie. Mientras ascendían por el túnel dirigiéndose al exterior, Tar Ganeb susurró a la cuadrilla algo que, después, entendió que le dictaba su intuición: «Conectad las baterías a los hidroconectores de las piernas para que se vayan cargando mientras andamos. Configurad los compactadores para distancia larga y el ratio máximo de conversión de masa/volumen. Creo que ahí fuera vamos a tener problemas».
Introducción
(Para ver las reglas del escenario, consulta la entrada anterior: Escenario 1 – Contacto inicial)
(Para leer el trasfondo completo de la campaña, consulta Encuentro en Taurus IV)
El clan boromita contratado por el IMTel de la Concordia para extraer los materiales del planeta selvático de Taurus IV ha iniciado su trabajo. Dos cuadrillas de trabajo boromitas trabajan a destajo escoltados por una pequeña fuerza de exploración del C3 que patrulla la zona circundante. Mientras tanto, una patrulla ghar se acerca para averiguar qué es eso tan importante que están protegiendo los panhumanos e informar de vuelta a su comandante.
Los sensores de la Concordia detectaron la presencia ghar con tiempo. Los tecnomarcadores de la tecnología altamente atrasada que usaban los ghar, unido a la gran contaminación y radiación que generaban, no pasaba nunca desapercibida. Los efectos de la gravedad cuántica en la que se basaba mucha de su tecnología podía afectar a cualquier zona en la que se encontraran, provocando breves interrupciones del continuo espacio-tiempo y otros efectos nocivos. Los ghar formaban un imperio que solo hablaba un lenguaje: la guerra.
La fuerza de exploración del C3 de la Concordia, compuesta únicamente por dos pelotones de ataque y un dron de apoyo C3D1, debía tomar posiciones defensivas junto a las dos cuadrillas de trabajo boromitas para rechazar a los ghar. Era necesario proteger la excavación.
Despliegue
Para jugar este primer escenario de la minicampaña Taurus IV dispusimos una mesa con varios elementos de escenografía selváticos y alienígenas. Muchos de estos elementos eran nuevos y los estábamos estrenando. Los habíamos realizado en varias sesiones de hobby para la campaña de Xilos, pero mientras seguimos preparándola, ¿qué mejor que darle ya uso? Entre estos nuevos elementos de escenografía, teníamos los cactus alienígenas que tanta ilusión nos hacía, que como todo aficionado habrá identificado ya, son un homenaje a las fotos de la revista White Dwarf de los años 90.
Antes de empezar la batalla, establecimos las reglas del terreno según las reglas de la 2.ª edición de Antares. Sin complicaciones: los obstáculos y la escenografía de área tenía las reglas por defecto, sencillas y elegantes. El único cambio que hicimos, creo que casi obligado, era añadir una pequeña regla para la zona de cactus alienígenas. Se trataría como terreno difícil (tirada de Agilidad al entrar o moverse por él y movimiento a la mitad si se fallaba), pero además, si se sacaba una pifia (un 1) en la tirada de Agilidad por terreno difícil, la unidad sufriría un punto de supresión para representar que una de las espinas gigantes se había disparado en respuesta al movimiento de alrededor. También establecimos algunas otras zonas como terreno difícil, sobre todo las zonas de jungla más densas, pero sin reglas especiales.
La batalla comenzó desplegando a la cuadrilla boromita que estaba trabajando en la cueva justo en la entrada. Acababan de salir y estaban vigilando la zona con sus compactadores de masa preparados (unas herramientas diseñadas para tunelar, ¡pero con efectos igualmente devastadores sobre un cuerpo!). A poca distancia, un dron D1 armado con un arma de apoyo de plasma activaba su pantalla cinética como medida de seguridad. En el flanco izquierdo, pasado el montículo rocoso de la cueva, un pelotón de ataque de la Concordia establecía posiciones usando la jungla como cobertura. Lejos, en el flanco derecho, llegaba la otra cuadrilla de trabajo boromita escoltada por otro pelotón de ataque de la Concordia. No había ni rastro del enemigo, pero ya se empezaba a notar su presencia.
Turno 1
Mientras que los pelotones de la Concordia avanzaban para tomar posiciones defensivas aprovechando la cobertura, aparecieron, lejos al frente, los tectoristas ghar: unas pequeñas criaturas equipadas con un extraño casco con un gigantesco visor que les ocupaba medio rostro, una mochila con antenas y un aparato de mano con algún tipo de sensor. Eran cuatro, corrían con rapidez y agilidad y cada uno avanzaba por un punto diferente del borde de la mesa. Al mismo tiempo, también desde diferentes puntos, unos revoloteadores ghar, unas especies de drones con una tecnología de propulsión muy antigua basada en el batir de unas palas mecánicas imitando a un insecto, iban escaneando el terreno circundante y buscando objetivos. Tanto los tectoristas como los revoloteadores iban buscando objetivos enemigos para proporcionar modificadores positivos a las tiradas de impactar del resto de unidades ghar, ya que proporcionaban más información sobre la posición y estado de los objetivos.
La cuadrilla boromita situada en la entrada de la cueva, sin tener un objetivo más claro, respondió apuntando sus compactadores de masa a uno de los revoloteadores ghar que más se había acercado. Solo uno de los boromitas consiguió impactar el haz de energía de su herramienta, ya que la sonda ghar se encontraba lejos y era muy pequeña, pero bastó para comprimir toda su masa en un pequeño punto, que cayó como una piedra diminuta al suelo rocoso.
De repente, un leve ruido de siseos hidráulicos y estáticas fue creciendo en volumen. Cuatro grandes armaduras ghar avanzaban lentamente con sus tres extremidades puntiagudas. Iban moviendo sus pequeñas cabezas de un lado a otro, rastreando y buscando un objetivo. Unas leves volutas de vapor entre azulado y carmesí, producto de los reactores de plasma que alimentaban la fuerza motriz y el armamento, se elevaban lentamente de cada una de las armaduras. Los soldados de la Concordia y los boromitas ya sabían que en el interior de cada máquina andante había un diminuto ghar, con su cuerpo frágil y desnudo, conectado mediante implantes vertebrales a la máquina andante. Algo primitivo y cruel, al igual que su armamento. Pero que esta tecnología fuera tan desfasada y antigua no la convertía en menos peligrosa.
Inmediatamente, en respuesta, el dron C3D1, que estaba preparado rastreando la zona, abrió fuego con su arma de apoyo de plasma a la escuadra de armaduras ghar. Unos haces de plasma recorrieron la distancia que los separaba a una velocidad increíble, pero las armaduras, a pesar de recibir varios impactos y provocar algunos desajustes en los sistemas de defensa debido a las altas temperaturas que les provocaron los rayos de plasma, no sufrieron ningún daño de importancia. La Concordia se tuvo que conformar con provocarles un poco de supresión.
La naturaleza belicosa de los ghar solo les permitía una respuesta posible: atacar. Los pilotos activaron los amplificadores de plasma de las armaduras y forzaron el funcionamiento más allá de los límites seguros, pero para los ghar la palabra «contención» no tenía ningún significado. Con un rugido agudo, el ruido de la estática fue creciendo en volumen. Las volutas de humo que expulsaban las armaduras se hicieron más intensas. Las cuatro armaduras abrieron fuego contra el dron D1 en respuesta y provocaron grandes daños en los sistemas de IA que lo gobernaban, dejando el arma de apoyo inutilizada y obligando a que varios sistemas se tuvieran que apagar para evitar más daños. El dron D1 tendría que gastar algún tiempo para activar los sistemas de autorreparación.
Mientras tanto, en el flanco izquierdo ghar, apareció una escuadra de armaduras de exterminación aprovechando el amparo de varias zonas de jungla. A su lado avanzaba una sección de apoyo ghar: unos soldados sin armaduras, con sus pequeños cuerpos pálidos, acompañaba a un extraño vehículo trípode con un cañón disruptor. Dos ghar avanzaban a su lado, a pie, portando munición y diversos elementos de equipo. Tras ellos, el líder de la sección no dejaba de gritar apuntado hacia el frente y alzando un gigantesco látigo magnético que restallaba en chispas de electricidad.
Al mismo tiempo, en el mismo flanco, a su frente, la cuadrilla de trabajo boromita, escoltada por el pelotón de la Concordia, corrió todo lo posible para aprovechar la cobertura, pero los proyectiles de disrupción del vehículo trípode ghar les impactaron igualmente, provocándoles un gran conmoción.
En el flanco derecho ghar, una escuadra de parias corrió todo lo que sus cortas piernas les permitía hacia la jungla que tenían enfrente para aprovechar la cobertura. La carrera les provocó algo de cansancio, pero consiguieron esconderse entre las gigantescas plantas alienígenas y no ofrecían un blanco fácil. El pelotón de la Concordia justo en su frente aprovechó también la cobertura de jungla que les separaba de los parias y las formaciones rocosas a su derecha que les ocultaba de las armaduras ghar para correr todo lo posible también, esprintando y poniéndose a cubierto.
Turno 2
La cuadrilla de boromitas que protegía la entrada de la cueva se posicionó lo mejor que pudo para aprovechar la cobertura de las rocas que había alrededor y activaron de nuevo los compactadores de masa para dirigirlos a las armaduras ghar. Por desgracia, aun a pesar de la distancia media que los separaba, no hicieron ningún daño de gravedad a las armaduras. El líder de la cuadrilla ordenó a los suyos que agacharan la cabeza, se pusieran a cubierto y esperaran a que se acercaran más. A distancia corta seguro que los compactadores de masa estarían a plena potencia y podrían ser más útiles, pensó.
Las armaduras de exterminación ghar, claramente identificando el objetivo potencialmente más peligroso que había en ese momento, abrió fuego contra el dron D1, que aún estaba intentando reiniciar los sistemas. Los disparos de los cañones exterminadores, en modo concentrado, fueron demasiado para el blindaje del dron, que todavía estaba intentando recuperar sus sistemas de los efectos nocivos de la munición disruptora del armamento ghar. Los sistemas de control se sobrecargaron y se apagaron, dejando el dron flotando inerte y fuera de combate.

Mientras tanto, el pelotón de ataque del C3 del flanco izquierdo, viendo que los parias ghar que tenían enfrente se habían apostado en la jungla y que iba a ser muy difícil expulsarlos de allí, decidieron cargar contra ellos. La consola de mando del líder del pelotón reveló que en esa zona de jungla se estaban sufriendo los efectos de la gravedad cuántica que siempre acompañaban a los ghar. Podía afectar, en cualquier momento, a cualquier zona del campo de batalla, ya que el armamento que esta raza tan retrasada tecnológicamente provocaba esos efectos temporales y localizados en el tejido del espacio-tiempo.
El líder del pelotón cargó varias granadas de plasma en la honda-x apostada en su antebrazo y notificó la orden de carga a sus soldados por el enlace neural. A su señal, los seis soldados corrieron abriendo fuego con las carabinas de plasma a bocajarro. A su vez, los parias ghar respondieron disparando los primitivos rifles, pero no lograron hacer blanco probablemente por los efectos de distorsión espaciotemporal que estaban sufriendo.
El combate que siguió fue un sangriento intercambio de golpes. Los ghar, muy ágiles, se movían rápidamente esquivando los ataques de los soldados de la Concordia e intentaban responder, pero no lograron derrotar a ninguno. La jungla ofrecía tanto una defensa para unos como para otros, así que hubo pocas bajas. Sin embargo, los soldados de la Concordia lograron matar a tres parias, obligando a los ghar a retirarse de la jungla. Tras evacuar al enemigo, la Concordia tomó posiciones avanzando hacia la derecha para tener un ángulo de disparo más propicio contra las armaduras ghar que avanzaban imparables hacia la entrada de la cueva por el centro del campo de batalla.
En el flanco derecho de la Concordia, el otro pelotón de ataque avanzó para ponerse a cubierto entre los cactus alienígenas. Era algo peligroso moverse por esa zona, ya que los informes preliminares del IMTel aseguraban que las perturbaciones de aire que pudiera haber alrededor de los cactus podía hacer que algún pincho saliera disparado; una brutal pero efectiva medida de defensa evolutiva de esta extraña forma de vida botánica. Los soldados avanzaron con cuidado y tomaron posiciones, abriendo fuego contra las armaduras ghar de exterminación que tenían al frente. Colocaron las carabinas de plasma en modo de haz fijo y el soldado de la lanza de plasma seleccionó también el modo lanza, con el que un haz de energía increíblemente potente podía ionizar el objetivo en el que impactara aumentando la temperatura hasta niveles de miles de grados. Desgraciadamente, todo este fuego no logró hacer ninguna baja en las armaduras de exterminación ghar, aunque les provocó algo de supresión.
Al ver a los soldados de la Concordia a tiro, aunque a cubierto, el líder ghar del arma de apoyo de distorsión ordenó al operador que abriera fuego contra la jungla de cactus. La máquina-artilugio empezó a emitir ruidos hidráulicos y descargó toda la furia sobre el objetivo, destrozando partes de los cactus y emitiendo unos pulsos de energía de distorsión que provocó interferencias graves en los sistemas biónicos de la Concordia. Las armaduras hiperlumínicas, de puntería y de monitorización vital empezaron a fallar y a reiniciarse, obligando a los soldados del C3 a ponerse a cubierto para protegerse. Una gran cantidad de supresión amenazaba su papel en la contienda. ¡El armamento ghar, aunque obsoleta, resultaba realmente efectivo contra la tecnología tan dependiente de las nanosporas de la Concordia!
Turno 3
La situación era realmente complicada para la Concordia al inicio del turno 3. Aunque los efectos de la distorsión de la tecnología ghar había afectado a los propios parias ghar (¡aunque cualquier zona del campo de batalla podría sufrir estos efectos!), el C3 veía que poco a poco los ghar se iban acercando a la entrada de la cueva sin prácticamente resistencia. El dron D1 estaba fuera de combate, más allá de las capacidades de autorreparación de los sistemas. Los pelotones de ataque estaban a cubierto, pero con problemas en los sistemas debido a los efectos de la distorsión.

En el centro del campo de batalla, el líder de las armaduras ghar de asalto, frente a la entrada de la cueva, volvió a ordenar que activaran los amplificadores de plasma de los sistemas hidráulicos para tener más potencia y velocidad (lo que les proporcionaba un dado más de órdenes, es decir, ¡dos activaciones este turno!). Aunque no era nada fiable porque podía dejar de funcionar en cualquier momento debido al estrés sometido a los mecanismos y rotores de las armaduras, esto no era algo que preocupara a los ghar. ¡Lo único importante era masacrar al enemigo! Los amplificadores de plasma se activaron y el líder de la escuadra vociferó la orden de carga por los amplificadores sonoros. ¡Con un rugido de entrechocar metales y rugidos de vapor, las armaduras ghar corrieron hacia los boromitas que estaban apostados en la entrada de la cueva!
El líder de la cuadrilla boromita tomó rápidamente una decisión: no iban a dejar que los ghar acortaran terreno y aprovecharan la fuerza de inercia de la carga, así que ordenó que cargaran. ¡Una contracarga! Los boromitas activaron los haces de los compactadores de masa a máxima potencia y dejaron la cobertura de las rocas en las que se encontraban para correr hacia el enemigo, disparando con sus armas mientras se acercaban.
Los dos bandos se encontraron en un choque brutal de disparos y golpes. Los boromitas eran fuertes y resistentes, pero los reactores de plasma y el blindaje de las armaduras resultaron ser un enemigo insuperable. Ni siquiera con los compactadores de masa a máxima potencia lograron abrir una brecha en las multicapas de metal de las armaduras, ¡pero las garras de combate ghar sí masacraban como si fuera papel la piel dura como la roca de los boromitas! El combate fue brutal y breve. Las armaduras de combate fueron acabando con sus enemigos sin dificultad y aplastando sin piedad sus cadáveres mientras avanzaban para acercarse a la entrada de la cueva.
El pelotón de ataque del C3 del flanco izquierdo de la Concordia, a cubierto tras las formaciones rocosas, apuntó a las armaduras ghar que acababan de masacrar a los boromitas. En su retaguardia se encontraban los parias ghar, ocultos tras la vegetación de la jungla, pero éstos estaban más preocupados de mantenerse ocultos tras haber sido vencidos en el turno anterior. Era algo arriesgado dejar al enemigo detrás, pero no había otra opción para la Concordia: era imperativo impedir que los ghar tomaran el control de la cueva. El líder tomó los datos del dron detector que les acompañaba, que le notificó los vectores de ataque más óptimos y corrigió mínimamente los ángulos de disparo. Las carabinas de plasma se dispusieron en modo de haz fijo y la lanza de plasma a máxima potencia y abrieron fuego. Aunque podían disparar en modo de fuego rápido, ¡era muy poco probable que ni siquiera les causara supresión por la regla de completamente blindado, ya que la Potencia de los disparos no les bajaba la Resistencia a 10 o menos! A pesar de la lluvia de haces de plasma ionizante, las armaduras ghar no sufrieron ningún daño. La Concordia solo podía conformarse con causarle un punto de supresión, ¡menos era nada!
Al mismo tiempo, el gran cañón de distorsión que llevaba el pelotón de parias ghar disparó de nuevo otra andanada de munición disruptora al otro pelotón del C3 que estaba en el interior de la jungla de cactus alienígenas. No hubo ninguna baja, pero ese no era el peligro de esta munición. El dron detector que acompañaba al pelotón se apagó de repente y cayó inerte al suelo; los sistemas quedaron saturados e incapaces de funcionar. Las armaduras hiperlumínicas de los soldados emitieron múltiples avisos de error y los sistemas de comunicación se interrumpían constantemente. Con un sonrisa, el jugador ghar colocó más marcadores de supresión sobre el pelotón de la Concordia.
En el otro extremo del campo de batalla se tomó una decisión fruto de la desesperación. La cuadrilla boromita con los compactadores de masa pesados avanzaron para poder tener un ángulo de disparo más óptimo contra las armaduras ghar que se acercaban a la jungla de cactus para cargar al pelotón de la Concordia. Desgraciadamente, debido a los elementos de terreno, que dificultaban tener un objetivo claro, y la distancia (¡los compactadores de masa eran herramientas de minería que solo funcionaban a plena potencia a distancias realmente cortas!), los penalizadores al disparo dejaron que la tirada para impactar solo fuera con 1. Para sorpresa de nadie, el jugador de la Concordia no acertó ni un solo disparo: todos los haces compactadores impactaron o bien en la cobertura o bien se desviaron demasiado. ¡No estaba siendo un buen día para la Concordia!
El comandante de la Concordia ya intuía lo inevitable. Los algoritmos avanzados de actuación de la IA del IMTel estaban sopesando el riesgo/beneficio de la situación, y poco a poco se inclinaba la balanza hacia la retirada de las tropas. Pero antes de que el IMTel tomara la decisión, las armaduras de exterminación activaron, como sus compañeros antes, los amplificadores de plasma de las armaduras y cargaron contra los soldados de la Concordia que estaban a cubierto entre los cactus alienígenas. Los sistemas de IA aún estaban reiniciándose y sobrecargados por la distorsión, así que poco pudieron hacer en respuesta mientras las moles ghar se acercaban a toda velocidad. El líder del pelotón del C3 le dio tiempo a cargar varias granadas de plasma en la honda-x de su antebrazo, pero ninguna logró hacer impacto de gravedad en los gigantes de metal, tubos y resortes hidráulicos que se movían con una agilidad asombrosas pese a su tamaño. Uno a uno, los soldados de la Concordia fueron masacrados por las garras de combate o pisoteados por las pesadas patas puntiagudas de las armaduras. Tan solo sobrevivieron uno o dos soldados panhumanos, que simplemente cumplieron la orden que les dictaba la IA de los sistemas: retirarse y buscar refugio.

Tras este combate, el IMTel sopesó la situación. El jugador de la Concordia había perdido tres dados de órdenes, suficientes para llegar al punto de ruptura del ejército, así que la batalla terminaría al finalizar el turno en curso. Solo quedaban pocas acciones que resolver, entre ellas una que tenía una importancia simbólica: el jugador ghar activó la unidad de armaduras de asalto que se encontraba cerca de la cueva y avanzó hacia la entrada, preguntándose qué era eso tan importante que los débiles y sucios panhumanos estaban tan empeñados en proteger…

Conclusiones
Concordia Panhumana
¡Una derrota sin paliativos de las fuerzas del Mando Combinado de la Concordia! El único punto de optimismo era que la decisión que el IMTel había tomado era siempre la más óptima, conclusiones que una mente humana era incapaz de llegar debido a la imposibilidad biológica de procesar tantos datos y variables.
Después de la retirada de las tropas del C3, era hora de sopesar la situación y meditar sobre cómo han ocurrido los acontecimientos. Sin duda, las decisiones que se tomaron no fueron las más acertadas. El armamento de los boromitas (en realidad, ¡herramientas de minería!) no son muy efectivas a distancia media, y mucho menos larga, así que no lograban siquiera poner marcadores de supresión en las armaduras ghar, por lo que éstas fueron avanzando sin problemas. En combate cuerpo a cuerpo, con el valor de Fuerza 6 que tenían los boromitas y los tres ataques de Potencia 3 de los compactadores de masa, eran sin duda unos rivales formidables, ¡pero tampoco podían hacer frente a las armaduras ghar, con Blindaje 12 y Fuerza 10!
El IMTel tiene que añadir una nota para el futuro: nunca dejar que las armaduras ghar se acerquen al combate cuerpo a cuerpo. Para el próximo choque, es necesario contar con una gran potencia de fuego para derribar armaduras, y si no era posible, maximizar los disparos con al menos Potencia 2 para poner marcadores de supresión en las armaduras. Al menos, si se lo lograba poner al menos dos o tres marcadores de supresión en una escuadra de armaduras ghar, su efectividad para activarse y disparar era mucho menor.
Sin duda, el armamento ghar es un gran peligro para la Concordia, y en general para cualquiera de las facciones del juego. Hay que tomar medidas de contención contra esta tecnología tan antigua que causa tanto impacto en las nanosferas de la Concordia.
Otra cosa que no ayudó nada fue el constante olvido al usar el dado IMTEl: en cada turno, hay un dado de más en la bolsa de dados del mismo color del usado por la Concordia que se podía usar para una de tres cosas: o un modificador de +1 para cualquier tirada, o volver a realizar una tirada de recuperación al inicio del turno para una unidad que lo había fallado, o pasar para obligar al enemigo a actuar (aunque esta última opción no era muy útil en este escenario). Sin duda, ese modificador de +1 habría representado una gran ayuda en más de una ocasión, pero siempre se olvidó a pesar de tener la carta delante.
Imperio Ghar
¡El Imperio Ghar prevalecerá! Una victoria rápida y aplastante.
Los pérfidos panhumanos podrán achacar la masacre a la inusual efectividad de los amplificadores de plasma. Estos tienen un 50 % de posibilidad de que funcionen, pero en esta partida solo fallaron en una ocasión, proporcionando un dado de acción extra a las armaduras ghar. La gran ventaja gracias a los amplificadores que tuve como jugador ghar es que me permitieron recortar distancias de forma rápida, con solo un par de sprints (es fácil fallar el test de agilidad con la Agilidad 3 de las armaduras Ghar, pero merece la pena casi siempre, ya que con el valor de Mando 8 es casi seguro que permitirá eliminar esa supresión en la próxima activación) ya estaban a distancia de cuerpo a cuerpo, donde las armaduras de combate Ghar son simplemente brutales.
Habrá que ver el comportamiento en próximos escenarios de la campaña contra vehículos. Puede que se eche de menos la falta de armamento más pesado, pero sin duda la munición disruptora permitirá equilibrar la balanza hacia el lado ghar, independientemente del blindaje que pueda traer la Concordia.















